Poema de Juan
La noche es una larga sombra desnuda
y tras ella Juan camina por sus costados.
Se detiene, me observa y grita
por un amor que demoró muchos inviernos.
Luego derrama el vino de la miseria
hasta que vomita hacia adentro
un nombre de mujer, ebrio en la memoria.
La calle es un río de estiércol
y cuatro farolas no alumbran más
que dos pupilas que buscan extraviadas
los húmedos vericuetos de San Telmo.
La vida va con él, a cualquier rincón
que la soledad elija para suicidarse.
En la esquina donde el viento enmudece
y la luna adquiere forma de baldío
su voz oscura como la noche
vuela en torno de mí y maldice:
el olvido es más trágico todavía.
De Trazas de agua.
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